​El 21 de mayo de 1979, el dictador rumano Nicolae Ceaucescu aterrizó en Barajas. Era el primer presidente de un país comunista que visitaba oficialmente España. Con esta invitación, el Rey quiso agradecerle su mediación ante el secretario general del PCE, Santiago Carrillo, que pasaba largas temporadas en Bucarest, para que aceptara la Monarquía. Carrillo lo hizo y asumió la bandera rojigualda (monárquica), lo que abrió la puerta a la legalización de los comunistas, relata el diarioEl País.

Autobiografia lui Nicolae Ceausescu, regia Andrei UjicăFoto: ICR

La anécdota ilustra la importancia que los contactos internacionales tuvieron desde el inicio del reinado de Juan Carlos I y, también, su deseo de universalizar relaciones. Tras 40 años de aislamiento y un siglo de ensimismamiento, la joven democracia española se propuso entablar relaciones diplomáticas con todos los países del mundo, desde México (1977), que aún reconocía al Gobierno de la República en el exilio, hasta la URSS (1977) o Israel (1986). Un día antes de dejar de ser ministro de Asuntos Exteriores, Moratinos acudió a ver al Rey con el primer ministro de Bután. “Misión cumplida, Majestad, era el que nos quedaba”, le dijo.