El fraude de la carne en los platos preparados se ha cobrado una víctima: Rumanía, considerada sin razón el origen del escándalo. Ahora, toda la agricultura del país tendrá que movilizarse para recuperar la confianza del resto de Europa, relata presseurop.eu.

CarneFoto: Reuters

El sabor de boca que deja el escándalo de la carne de caballo sin duda es amargo. En primer lugar, amargo para Reino Unido y Francia, que han realizado una demostración perfecta de cómo no se debe gestionar una crisis así, desde las reacciones de la prensa a la de los (ir)responsables del Gobierno.

En el otro extremo del continente, resulta amargo para Rumanía, que se ha encontrado, hasta ahora sin razón, en el centro de las acusaciones. Y por último, también deja un sabor amargo para la Unión Europea, que ha vuelto a demostrar que aún le queda mucho camino por recorrer antes de lograr la solidaridad con la que poder construir el edificio federal tan soñado. Desde el momento en que se supo que la carne picada, vendida a Reino Unido como ternera y utilizada en alimentos preparados, podía contener caballo, todos los británicos dirigieron sus miradas hacia el extranjero, en busca de culpables.

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