El dato no ha pasado desapercibido en los aledaños del vestuario, por donde se mueven los agentes, los entrenadores y los directores de otros torneos. Contraviniendo una de las leyes no escritas del tenis, aquella que dicta que las invitaciones (wild cards) se conceden a los tenistas del país en el que se celebra el torneo (cuestión de atraer al público y de ayudar al desarrollo de los talentos de la zona), en el Mutua de Madrid ha habido dos competidores semidesconocidos en el cuadro principal, explica el diario El País.

Marius Copil, el número 136 del mundo, fue premiado con una de las codiciadas invitaciones, para sorpresa de los españoles con mejor ránking que no pudieron acceder a la cita del masters 1000. En la misma situación se encontró Simona Halep, la número 64. Los dos, destacaron fuentes sobradamente conocedoras de lo que implica organizar un torneo, tienen una cosa en común: son rumanos. Los derechos del torneo de Madrid están en manos del rumano Ion Tiriac.

No es la única huella del país en el torneo. Quien tiene el privilegio de pasearse por las tripas de la Caja Mágica se encuentra con carteles en rumano pegados en las paredes y las puertas. Es la señal, según confirman desde la organización, de las decenas de operarios que vinieron desde Rumania para montar la zona VIP, las pistas y los puestos comerciales.