La reacción del ministro de Exteriores Titus Corlatean, aprobada por el primer ministro Victor Ponta y rechazada por le presidente Traian Basescu [según la cual, Bucarest “dejará de estar interesado” en caso de un nuevo veto], expresa claramente una realidad social, al menos tan real como la expresada por el ministro Hans-Peter Friedrich: los rumanos que comprenden lo que está en juego están hartos de la política europea de chantaje, escribe el periodista Dan Tomozoi del Jurnalul National, citado porPresseurop.

En febrero, alarmada por la posición de Turquía, parte destacada en la cruzada de Oriente y de Europa y miembro de la OTAN, la canciller Angela Merkel se dirigió a Ankara para atemperar las declaraciones del primer ministro turco, dispuesto a reorientarse hacia Asia y China porque las negociaciones con la UE se han congelado por un periodo indeterminado. Por consiguiente, es posible que los responsables políticos y los países miembros de la UE empiecen a reaccionar no sólo por las presiones que van del Oeste hacia el Este, sino también en el sentido inverso. Porque, mientras Reino Unido y Francia [aunque sólo es el caso de la dirigente de extrema derecha Marine Le Pen] plantean la posibilidad de celebrar referéndums para salir de la Unión, ¿por qué Rumanía no deja de aceptar incondicionalmente ser un mero mercado de salida para todos lo productos de los grandes países chantajistas de la UE?

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