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Educando la memoria

de Talía Delgado     HotNews.ro
Vineri, 22 iulie 2016, 14:08 Espanol - reportajes

Fenomenul Pitesti
Foto: Hotnews

Situada a escasa hora y media de Bucarest, la antigua prisión de Pitești, parcialmente reconvertida en memorial en el 2011, simboliza el centro de sufrimiento físico y espirítual del período comunista rumano. Su nombre está asociado al “Fenómeno Pitești” un experimento de reeducación a través de la tortura, que se llevó a cabo en esta prisión en los años 50. Un hecho poco conocido y estudiado tanto dentro como fuera de Rumanía que ejemplifica la dureza del sistema represivo rumano desde sus comienzos.

Cada verano en este mismo lugar desde hace cinco años el Centro de Estudios de Historia Contemporánea (Centrul de Studii în Istorie Contemporană), en cooperación con la Fundación Konrad Adenauer Rumania y la Fundación Memorial de la Prisión de Pitești (Memorialul Închisoarea Pitești), organiza la escuela de verano “Fenómeno Pitești” para mantener viva la memoria de lo sucedido entre sus muros.

“El Fenómeno Pitești” fue un período de violencia extrema acontecido en esta prisión entre 1949 y 1951. La élite estudiantil rumana de la época fue encarcerlada bajo acusaciones absurdas o inventadas y brutalmente torturada mediante una técnica conocida como “reeducación” en la que los propios prisioneros llegaban a convertirse en torturadores de otros prisioneros para evitar su propia tortura o muerte.

El objetivo principal de este experimento era por un lado obtener información, ya que para la Securitate, la policía política del régimen comunista, era esencial detener y eliminar cualquier oposición al régimen. Es por ello que durante los primeros años del Comunismo su objetivo fuera eliminar a los líderes intelectuales, religiosos, estudiantiles, campesinos, trabajadores o políticos que pudieran oponer resistencia. Por otro lado se pretendía deshumanizarlos, destruirles como seres humanos y transformalos en personas dóciles que asumieran sin más la ideología del régimen. Es experimento aún desconocido para muchos de los propios habitantes de Pitești.

Maria Axinte, cofundadora del Memorial de la Prisión de Pitești, considera que existen notables diferencias entre los métodos empleados en esta prisión y en el resto de prisiones como que fueran los propios prisioneros quienes se torturaran unos a otros. Destaca también el caracter secreto de este “experimento” ya que sólo algunos altos cargos de la Securitate conocían y controloban lo que sucedía en la prisión, pese a que simpre hayan negado tener conocimiento del mismo, así como el objetivo final de la tortura.

“Los métodos de tortura pretendían forzar a los presos a que renunciaran a sus creencias religiosas y políticas para abrazar la ideología comunista. Recordemos que durante el Comunismo la religión estaba prohibida y perseguida, por ello por ejemplo durante las fiestas religiosas las torturas eran más frecuentes y violentas.” explica María.

La Escuela de Verano “Fenomenul Pitești” es un proyecto especial y cargado de gran simbolismo para su creador Alin Mureșan. Un libro que leyó en el instituto sobre este tema le marcó profundamente. Posteriormente preparando su tésis en la facultad de periodismo de Cluj una profesora le sugirió que se enfocara en este desconocido experimento. Dicho y hecho, Alin buscó a los supervivientes que vivían en esa ciudad y los entrevistó.

“Sus testimonios y su forma de ser me impresionaron mucho, sobre todo cuando pensaba en lo que hubieran podido hacer o llegado a ser si no hubieran pasado por esta cárcel y esto me motivó a seguir profundizando en el tema”.

Durante todos estos años ha seguido investigando, ha publicado varios libros y creado una página web que contiene una completísima información sobre el tema. Pero aún sentía la necesidad de compartir todo lo que sabía de una forma directa sobre todo con los más jóvenes.

“La escuela de verano de Pitești es la culminación de todo este proceso y aglutina todo aquello que he deseado. Cada año más personas pueden conocer a supervivientes, charlar con expertos, y entender los horrores y las consecuencias del Fenómeno Pitești, hasta ahora habrán pasado por la escuela unos 50 estudiantes. Además tenemos el privilegio de poder organizarla en un escenario real, en esta prisión hoy transformarda en Memorial.”

Durante cinco días, quince participantes de toda Rumanía y de la República de Moldavia interesados en la historia reciente de Rumanía tienen la oportunidad de profundizar en el “Fenómeno Pitești” y aprender sobre la represión y los rigores del régimen comunista.Figuras relevantes, antiguos prisioneros, así como expertos en el tema, imparten charlas y talleres. A estos se suman proyecciones de películas o documentales temáticos y visitas de documentación a prisiones, archivos y museos. Este año como novedad se han introducido dos eventos públicos, un concierto y la proyección de un documental, para involucrar a los habitantes de Pitești en la temática de la escuela de verano.

“Nuestro objetivo es integrar a los habitantes de Pitești en nuestras actividades con el fin de transmitir valores que ayuden a crear una conciencia sobre nuestra historia reciente, en la que Pitești ha tenido y sigue desempeñando un rol importante”, afirman los organizadores.

Los perfiles de los participantes varían. En su mayoría son estudiantes de carreras relacionadas con la historia contemporánea a los que les une pero su interés por la historia reciente de Rumanía.

Victor Sămărtinean, es estudiante de Historia en Sibiu “Estoy haciendo un máster y me interesa mucho el tema. Por desgracia apenas se estudia Historia del Comunismo en las facultades, sobre todo lo relacionado con la represión. Aquí aprendemos de forma directa sobre cosas que no vienen en los libros. Además, yo tengo una motivación personal muy fuerte, ya que mi familia sufrió los rigores del Comunismo. Mis abuelos que tenían bastantes tierras fueron acusados de terratenientes y se las expropiaron durante la época de las colectivizaciones. Afortunadamente no fueron a la cárcel, pero a mí eso me ha marcado porque quizá mi familia podría haber tenido otro patrimonio y nuestra vida hubiera sido diferente”.

A Gina Lupașcu, estudiante de Farmacia en Bucarest no le importa ser la única que no estudia Historia. “Soy una persona curiosa y me atrae el tema. Me apasiona la verdad, saber que sucedió en esa época para apreciar más lo que tengo ahora. Me parece que, comparado con el Comunismo, la gente hoy en día no tiene problemas graves. Nos preocupamos por estupideces, cosas banales sin importancia alguna si las comparamos con nuestro pasado reciente”.

Por su parte a Valentin Adam estudiane de Historia en Bucarest lo que le motiva es el placer de aprender y un cierto sentido de responsabilidad social, de transmitir lo que aprende.

“Los recuerdos de mis padres o de otras personas no son suficientes. Prefiero profundizar por mi cuenta porque no estudiamos nada de esto se habla de hechos históricos y poco más. Quiero aprender y luego contárselo a otros jóvenes como yo porque somos el futuro pero tenemos que conocer lo que pasó para poder entender mejor lo que sucede ahora porque está conectado. Sigue habiendo muchos hijos, nietos de antiguos comunistas en cargos importantes”.

Desde su primera edición la escuela ha contado con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer- Rumania que financia desde 1998 proyectos de recuperación de la memoria histórica, tal y como relata su coordinadora de programas, Irina Iordache.

“La idea de apoyar y organizar la Escuela de Verano vino de forma natural por dos motivos. Porque para poder apreciar la democracia actual y la libertad existente es necesario que los jóvenes entiendan lo que significaba la privación de libertad, la represión, la censura, el abuso y el miedo. Además creemos que es necesario que conozcan la verdad y no la historia prefrabricada por la propaganda comunista, porque el Comunismo cambió la mentalidad de la gente y sus efectos siguen presentes en la sociedad rumana actual por lo que un profundo conocimiento del pasado puede ayudar entender mejor los hechos actuales”.

El Memorial

La creación del Memorial ha sido un proceso largo y tedioso debido tanto a la enorme burocracia institucional rumana como al hecho de que la prisión pertenezca a varios propietarios.

 La parte del edificio que acoge el memorial fue declarada monumento y la familia del propietario que lo cedió lo ha ido manteniendo y rehabilitando. Son ellos quienes sentaron las bases de la Fundación para el Memorial de la Prisión de Pitești. De momento se pueden visitar, previa cita, uno de los patios interiores de la prisión, convertido en cementerio homenaje a las víctimas, todas las celdas del primer piso y el sótano, que acoge dos exposiciones permanentes, una que explica brevemente la historia del Comunismo y otra sobre el propio “Experimento Pitești” compuesta por una biografía de detenidos y represores, información sobre la estructura de la prisión, métodos de tortura y testimonios de supervivientes.

“Queremos que recorriendo esta antigua prisión se cree un espacio donde el visitante puede no sólo conocer los hechos, sino también sentir también la dimensión espiritual del Fenómeno Pitești, las experiencias de las personas que fueron “reeducada” y las consecuencias que estos métodos tuvieron no sólo en los propios prisioneros, sino también en la sociedad rumana.

A través de las biografías, testimonios y exposiciones que se exhiben invitamos a reflexionar no sólo sobre nuestro pasado sino también sobre sus repercusiones en el presente. Por eso consideramos que es clave la implicación activa de los visitantes y de la propia comunidad en proveer al memorial de testimonios de quienes pasaron por sus celdas” explica María Axinte.

Historia de la Prisión de Pitești

La prisión de Pitești, en su forma actual, fue construida entre 1937 y 1941 y funcionó como centro penitenciario hasta 1977. En sus casi 96 celdas albergaba hasta 800 presos. Inicialmente había sólo presos comunes, pero en 1942 ingresaron los primeros prisioneros políticos, condenados por el régimen de extrema derecha del Mariscal Antonescu.

A partir de 1944 aumentó considerablemente el número de presos políticos, convirtiéndose en el 80% de la población carcelaria. En 1948 la cárcel de Pitești se llenó de estudiantes que simpatizaban con el anterior régimen y pertenecían a otras organizaciones o partidos anticomunistas. En 1949 el régimen penitenciario se endureció y comenzó el programa de reeducación conocido como “Fénomeno o Experimento Pitești.”

En 1951, finalizado el “experimento”, se redujo el número de presos políticos y la cárcel se llenó de miembros de la resistencia, partisanos, militantes de organizaciones anticomunistas, o campesinos que se oponían a la nacionalización de las tierras. A partir de 1964, tras la amnistía nacional de los presos políticos, volvió a destinarse a presos comunes. Seguiría siendo prisión hasta 1977, cuando el edificio pasó a convertirse en la sede del Holding de Construcciones Industriales de Pitești. En 1990 fue privatizada. Su propiedad quedó repartida entre varios propietarios. En la actualidad solamente una parte del edificio se ha rehabilitado y convertido en el Memorial de la Prisión de Pitești.

Reportaje elaborado con el apoyo del programa de Becas para Periodistas Extranjeros del Instituto Cultural Rumano (ICR).
























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